viernes, 26 de mayo de 2017

Ronaldo: Los beneficios de la humildad en el más grande de los vanidosos



Dice Cristiano que a Cristiano no se le trata bien en los medios. Tienes razón Cristiano, pero entiende que no es fácil sentir simpatía por Cristiano. No es fácil sentir simpatía por alguien que habla de sí mismo en tercera persona y cuyo mejor discurso de celebración es un sonido gutural.
Se queja Cristiano de la prensa. Se queja de que le tratan como un delincuente y no lo es…al menos de momento. Hasta en eso le ha adelantado el mejor jugador del mundo. ¿De verdad esperaba Messi librarse diciendo que de todo eso se encargaban su padre y sus abogados? ¡¿Cuándo se ha visto que un argumento semejante haya tenido éxito?!
Se queja de maltrato y seguramente con razón. La envidia juega siempre al ataque, y en la actualidad hay una muy extendida forma de envidia que es el desprecio a las élites, sin importar que en ellas se encuentren sólo los que han demostrado un talento y una capacidad de trabajo extraordinarios, como ocurre con gran claridad en las élites culturales y deportivas. 
Cristiano Ronaldo es un gran vanidoso, y la verdad es que muy natural que lo sea. El espejo, los bancos y las estadísticas le están alagando continuamente. Hay que reconocerle que es un vanidoso profesional que se dedica mucho tiempo y dinero. Y es un vanidoso que va de frente, sin engaño, con los abdominales por delante; no del irritante tipo daniroviriano, de esos que se creen lo más grande pero aparentan humildad.
Esta vanidad sin duda le ha servido de impulso para convertirse en un gran futbolista. Sin embargo este año su éxito al final de la temporada se debe a la humildad. No a una humildad de sentirse una simple gota de agua en el océano,  o polvo que en polvo se convertirá. Eso seguramente le hubiera convertido en mejor persona y en mejor amigo de sus amigos, pero no hubiera contribuido a su rendimiento deportivo. Su humildad consiste en haberse dado cuenta de sus limitaciones, de que ya no es tan joven. Un jugador que depende tanto de su estado físico para destacar debe dosificar sus esfuerzos y aplicarlos en las zonas del campo donde mayor provecho puede obtener. Algo que ha descubierto no por una iluminación surgida de la meditación, no. Ha sido la realidad la que se lo ha revelado, en forma de malos partidos, pitidos y encarnada en un entrenador que le ha sabido llevar por el buen camino.
Esa humildad, es un aprendizaje, la adaptación natural a la edad. El depredador, líder de la manada, pierde aptitudes cuando deja de ser joven, pero sabe elegir los mejores momentos y lugares de caza y escoger a las presas más débiles. Es eso o ser aniquilado por los que fueron sus seguidores.