La de ayer fue una batalla entre dos potencias en oposición
esencial. El Real Madrid representa a la antigua monarquía, al imperio con
pasado glorioso que tanta riqueza ha conseguido gracias a sus conquistas. El Madrid es el defensor de
la tradición, de la conservación del status quo. El PSG representa la república
burguesa impulsada por jóvenes millonarios deseosos de mostrar su poderío, que
quieren gobernar sin más objetivo que el no tener a nadie por encima. El PSG es
un equipo versallesco; pretende exhibir riqueza de manera abusiva y
desproporcionada. Pagar más de lo que algo vale no les produce vergüenza sino
excitación.
Los ejércitos de ambos bandos están formados por mercenarios
en su mayor parte. Los del Real Madrid son los tercios de Flandes, la guardia
imperial. Casi todos ellos soldados experimentados, curtidos en muchas
batallas. No tienen el vigor de sus mejores años, pero tienen conocimiento y
son bastante disciplinados. Los mejores paladines del mundo han solido luchar
para el Madrid, pero en la actualidad, en mi opinión, sólo tienen a uno de los
diez mejores jugadores del mundo, y ese es el espabilado y generoso Modric. No
lo es Cristiano: su mítico narcisismo sostiene su voluntad de superhombre, pero
todos nos damos cuenta, y el también, que ha perdido sus super poderes. No lo
es Bale. ¡Qué maravilloso corredor de 400 u 800 hubiera sido! Quebradizo amante
del golf, tan extraordinario y poderoso en carrera como vulgar e inofensivo en
estático.
Los mercenarios del PSG son algunos de los mejores que el
dinero puede comprar. Tienen talento y son peligrosos, pero en su mayoría están
muy verdes, y muestran tan poca madurez y tan escaso juicio como un tuit de Trump. Los que más saben de grandes
batallas, Alves, Neymar, se caracterizan por tener una cabeza tan poco
amueblada como la de un jorobado de metro.
Pienso que ambos llegaban al partido con inseguridad. La
tensión temerosa que imagino se produce entre el caballo viejo y el joven
semental que pretende dominar la manada. El primero duda de sus fuerzas; el
segundo debe ser muy estúpido para no darse cuenta que otros que se creían
mejores han desafiado al líder y han perdido.
Tenía en esta batalla ventaja de campo el Madrid, pero debía
saber que eso no iba a tener mucha influencia. El público del Bernabéu como el
de otros grandes estadios, en especial en eventos de lucrativa reventa, tiende
cada vez más a parecerse a un público de ópera: exigente y frío. Un público que
reacciona, pero que no empuja ni arrastra.
Y así pasaron 79 minutos y el partido estaba empate. Se
podía haber llegado hasta allí con un resultado muy diferente. Humano es
interpretar lo casual como inevitable, pero hay que ser consciente del sesgo en
el análisis que eso implica. Una sola variación en alguna trascendente decisión
arbitral podría haber provocado un partido muy distinto. El caso es que pasó lo
que pasó y cada uno había metido un gol. Lo que sucedió después quizá también
fue fruto del azar pero para escribir es mucho más divertido buscar sentido y causas.
Las mías son dos: una concreta y otra más abstracta.
La concreta es el cambio del churrigueresco Isco por el
intermitente Asensio. Isco dedica su talento a adornos hermosos, pero casi
siempre inútiles para lo funcional. Asensio a veces parece que no está
enchufado pero cuando le llega la corriente es brillante y produce resultados.
La abstracta es que el Madrid este año es como un noble en
horas bajas: ya no tiene los mismos recursos pero tiene orgullo. Está dispuesto
a lo que sea por mantener su apariencia y dignidad. A falta de algo mejor, con
unas cortinas se hace un vestido. Además el pasado, y la inexcusable necesidad
de títulos, le hace tener una inercia ganadora: estoy convencido de que, si en los
últimos minutos de un partido de Champions, a un jugador del Madrid le cortan
la cabeza, sigue intentando meter un gol hasta el último pitido del árbitro.
El PSG en cambio se vino abajo con la facilidad de la casa
del cerdito más vago. Acostumbrado a la vida fácil, al éxito sin esfuerzo, derrochó
tiempo y rehuyó el trabajo. Su fingida mirada del tigre desapareció a la
primera voz de mando, y entonces apareció la más auténtica de lindo gatito.
No voy a apostar por el resultado del partido de vuelta. Es
evidente que el Real parte con clara ventaja, pero no sé si resistirá el asedio:
el PSG tiene muchas armas y la defensa del Madrid claras debilidades. Quizá la
clave sea el contraataque de la caballería blanca.
Aunque soy un jedi atlético que pretende acabar con el
dominio del imperio, me gustaría en esta ocasión que venciera el Madrid. Tengo
curiosidad por ver la lucha de la armada real contra los resurgidos piratas de
la pérfida Albión, o contra el símbolo más internacional de la República
Imaginaria.
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