jueves, 18 de julio de 2024

De gazmoños y papanatas

 

Gazmoños y papanatas abundan en nuestro tiempo. Con su simplista, apasionada, cómoda y efímera defensa de la víctima de moda se ponen bastante pesados, y no ayudan a resolver nada.

Cuando Morata comunicó que se planteaba renunciar a la selección (yo personalmente le creo eso tanto como lo de los múltiples equipos de sus sueños) una buena parte de la prensa, más la general que la deportiva, se dedicó a ensalzarlo.

Es obvio que lo de lanzar odio sobre este hombre demuestra que uno por dentro está hecho asco, y/o tiene una envidia que se muere. Especialmente miserable es unirse al linchamiento, sólo porque existe la posibilidad de sentirse parte de una multitud que te aplaude el insulto. Defender al atacado, por supuesto. ¿Admirarlo por ser víctima? Absurdo.

Se ha valorado mucho que mostrara su fragilidad. Mostrar dolor cuanto te duele, es natural, y a veces muy positivo. Y por supuesto es normal y muy comprensible que sufra. Es necesario empatizar y apoyar. Pero considerar mejor sin matices, sin contexto y sin historia a quien expresa fragilidad que a quien controla sus emociones y se muestra fuerte es ñoñería.

Los papanatas tienden a convertir a la víctima en héroe, sin reflexión ni emoción, por reacción automática, que tiene la misma cantidad de bondad que un estornudo. Los gazmoños tienen tanto deseo de mostrarse buenas personas, y tan poca verdadera empatía, que, en lugar de ayudar de verdad a quien sufre, dramatizan un ataque a todos los malvados, presuntos, que le dañan. Ambos, papanatas y gazmoños, evitan ver cualquier realidad que sea contraria a sus intereses.

Morata no merece odio, y seguro no merece la mayoría de las críticas, pero todo lo injusto que se vuelca sobre alguien envilece al emisor pero no hace mejor al receptor. El dañado, por otra parte, también obra con injusticia si trata de extender la suciedad de lo inaceptable a todos las críticas, en conjunto, sin separar aquellas que tienen fundamento y tono correcto. Esta trampa la llevan tiempo empleando políticos de todos los colores; se defienden de toda acusación diciendo que es una invención nacida del odio de los del otro lado. A veces es cierto, claro, pero sólo los gazmoños y papanatas de su bando pueden creer que todas las denuncias son falsas. Encuentro similitudes en intención y credibilidad entre el “como sigáis así me voy” de Morata y la reciente carta a la ciudadanía.

Ahora se va a Milán; ojalá eso le sirva para borrar todo dolor.

 

 

 

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