sábado, 27 de julio de 2024

De gratitud y canastas

No he sido una persona agradecida. No lo suficiente. He tenido fortuna; no la mejor claro, pero me situaría en un percentil de los buenos. Con el tiempo te das cuenta. Las posibilidades que se me ofrecieron, las batallas que no tuve que pelear, la capacidad para comprender algunas complejidades y apreciar la belleza, las condiciones necesarias para algunos logros, las personas que aparecieron para acompañar y ayudar…

No soy el único. Todo ser que busca la supervivencia piensa mucho más en lo que aún no tiene, en el problema por resolver, que en lo que ya ha conseguido. Los humanos además hemos ampliado mucho más allá de la supervivencia el campo de las necesidades. 

Pero también es humano superar la tendencia primaria para adaptar el comportamiento a lo que se considera más correcto. Yo debo ser más agradecido y la sociedad también. Estaría muy bien que la sociedad cambiara de la cultura de la exigencia, impaciente, egoísta, inclemente y malhumorada a la cultura del agradecimiento, comprensiva, apreciativa, humilde y más tranquila. 

Hoy hemos perdido en baloncesto contra Australia. Los éxitos nuestras selecciones de baloncesto, han sido completamente inusuales. Hemos vivido un largo tiempo de perdices, y nos hemos acostumbrado. Pero no es nada normal, hay que calificarlo como una rara maravilla; basta con mirar lo poco repetidos que han sido los triunfos de otros con los que nos debemos comparar. Ahora es normal que vivamos años de carencias, que tarden en llegar los talentos extraordinarios, los dotados con cualidades diferenciales. Hay que aceptarlo. Y a la vez, hay que agradecer todo lo que nos dieron, haberlo visto y gozado, y tener memoria para recordarlo. 


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