jueves, 22 de agosto de 2024

La cangurita bailonga - una fábula relativista

 La cangurita Tamara se sentía muy feliz. Siempre había sido alegre, pero ahora despertaba cada mañana con un gran entusiasmo. Tenía algo nuevo que la había llenado de ilusiones y de planes de futuro. Aunque trataba de contener su imaginación, no podía evitar soñar despierta. 

Y es que además de lo que disfrutaba y se divertía bailando, se le daba muy bien. Estaba segura de ello, aunque todavía nadie se lo había dicho. Nadie la había enseñado por lo que tampoco podía valorarla. Tamara pensaba que el no haber dado clases era más una suerte que un problema, porque así su talento se podía expresarse con frescura. No tenía límites marcados, ni condicionantes. No sería una copia más. Su talento natural, sin cadenas, se expresaría con todo su brillo y originalidad. 

¿Cómo podía estar tan convencida? Porque lo sentía, lo sentía con fuerza y claridad. Había nacido para ello. Su cuerpo respondía de manera inmediata con la música, sintonizaba al instante con el ritmo y con el tono. El baile se enredaba a la música y la enriquecía. Todos sus movimientos enlazaban formando un conjunto con belleza y sentido. 

Decidió mostrar a los demás su baile, pensando que era muy mezquino no compartir su arte. Por supuesto, esperaba recibir unos cuantos elogios y otras muestras de admiración pero eso era secundario. 

La conejita Esmeralda dijo: —¡Guau! La tortuga Facunda dijo: —¡Jolines! El ñu Aitor dijo: — ¡Vaya!

A todos les gustó mucho. Es verdad, que Tamara esperaba más entusiasmo. Pero claro, se convenció, era algo muy nuevo para lo que no estaban preparados. Se sentían impactados, y sabían que era algo muy bueno, pero no encontraban palabras para expresar lo que sentían. Por otra parte, había notado algo de envidia. No les podía culpar, era inevitable. 

Debía bailar ante alguien más capacitado para apreciar y valorar lo que hacía. Era conocido por todos quien el más sabio de los habitantes de los alrededores: el koala Federico, que además, según la leyenda nunca mentía. 

Lo que presenció el koala Federico fue una danza llena de movimientos sin gracia, o mejor antipáticos, borrosos, atonales, contradictorios, peleados. Un conjunto de piruetas fallidas, giros abortados, estiramientos retorcidos. Acelerados o frenados por un motivo que, de existir, no era la música. Crueles con la armonía, sordos al ritmo. Una actuación que además de todo, duraba mucho. 

Federico, se quedó un momento en silencio, reflexionando y finalmente dijo: — ¡Es algo único, nunca había visto nada parecido! Cuando Tamara le preguntó, con una gran sonrisa, sí creía que era buena idea que participara en el concurso de baile regional, Federico respondió: — Claro que lo es. 

Tamara, se marchó feliz, y Federico se quedó deseando que ojalá no sufra mucho. Porque como a la conejita Esmeralda, la tortuga Facunda y el ñu Aitor, al koala Federico la actuación de Tamara le había parecido terrible, ridícula, lamentable. Ninguno había querido decírselo, porque la cangurita en general es agradable y buena y porque además se podía enfadar y acusar de discriminarla por su condición de hembra o de marsupial. Pero Federico tenía otra razón más importante: se había dado cuenta de lo flipada que estaba Tamara. Que es algo muy natural, todos lo estamos muchas veces; tan natural como el veneno de serpiente. Si cuando alguien está flipado por algo ya es muy insoportable para quien no está flipado por lo mismo, mucho peor aún cuando se está flipado por uno mismo. Está metida en una historia de la que no quiere salir; nadie permite que se ataque a lo que es un placer intenso para la vanidad, cualquier palabra que no sea la que se desea escuchar se considerará un ataque. Inútil sería tratar de hacerle ver la realidad, aunque fuera con buenas palabras y con cariño. 

Pero diréis vosotros amiguitos, ¿no se suponía que Federico no mentía? Fijaos bien. Única sí era la actuación por fortuna, y puede ser buena idea que Tamara vaya al concurso regional porque eso le puede hacer despertar, aunque es posible que ni aun así. 

Queridos niños, este cuento tiene dos moralejas: si eres un flipado te puedes sentir muy bien hasta que te choques con la realidad, y es inútil convencer de la verdad a quien encuentra mucho placer en una mentira. Si os gustan bien, y si no también. Yo me voy a tomar algo con Federico. 


martes, 20 de agosto de 2024

Orgullo y perjuicio

 A los que pidieron la medalla de bronce honorífica para Carolina no les niego la buena voluntad pero les creo errados. No por análisis de la situación, no por considerar posible que el COI hiciera algo tan fuera de lo común y que podría crear precedente. Eso es lo de menos. Errados porque no pensaron en la personalidad de aquella a la que pretender beneficiar. 

Carolina es una guerrera. Y no sólo como normalmente se entiende esto en el deporte: competitiva, intensa. Es mucho más esencial.  Carolina es de ese tipo de personas que se sienten muy orgullosas de su capacidad de luchar. Y además es de las que tiene razones sobradas para ello. Gente que ha domado a la vida cuando se le ha puesto brava, que se muestran implacables con quien lucha menos que ellos, que pueden ser vencidos pero no sometidos. Incluso si el destino los derrota, y se ríe burlonamente, caerán, pero no sin antes romperle los dientes. Aunque el viento sople fuerte en contra, consiguen llegar a donde quieren remando. Esas personas disfrutan las victorias, resultado buscado de la batalla, pero nunca se sentirán satisfechas con ellas, por muchas que sean, por lo que de verdad les permite aceptarse a sí mismas y soportar este mundo es la lucha. No entienden la existencia de otra forma. Lo que desean es llegar al Valhalla y que Odín le elija para el equipo titular. O dicho de otra forma, combatir hasta el último momento, y que nadie les recuerde indefensos. 

Esa gente no quiere que le regalen nada. No le da ningún valor a lo que no ha conseguido con su esfuerzo.  Y por supuesto, el último sentimiento que quieren despertar es lástima. Odian sentirse incapaces de combatir, por eso tiene que ser muy duro el presente para Carolina. No les gusta nada tener que pedir ayuda, pero lo harán si creen que eso reducirá el tiempo de inactividad. 

Una vez recuperada, es posible que Carolina tenga que decidir abandonar la actividad que le ha dado éxito. Cada vez más difícil el regreso, y cada vez más presente y probable una nueva caída. Pero será muy duro renunciar al campo de batalla donde se ha sentido especial y poderosa. Por eso quizá haga un último intento; veremos. 

Tras dejarlo, sea ahora o más tarde lo pasará mal inevitablemente, y es normal que se sienta vacía y perdida. Pero acabara recuperándose y saliendo adelante cuando encuentre la fuerza y el motivo para luchar. 


martes, 13 de agosto de 2024

Maratón de Paris - el de las jóvenes.

 Ellas tienen más información, han podido ver la carrera de ellos, han podido aprender con sufrimiento ajeno, han podido preguntar a sus compañeros. El recorrido es el mismo, las condiciones casi idénticas. El conocimiento suele provocar prudencia. 

Una estadounidense sale cojeando, otra australiana se para en los trescientos metros. La única razón que se me ocurre es hacer visible su dolor, su deseo frustrado. En el caso de la primera es un comportamiento egoísta e irrespetuoso con su país y con el evento: había una compañera preparada para sustituirla. Sí, te lo has ganado y es un putada, eso permite entenderlo no justificarlo. Aparte de las lesionadas, hay otra mujer que se queda atrás en los primeros pasos pero de ella hablaremos al final. 

Bastante menos gente animando que en el de los hombres. Los narradores sugieren diversos motivos razonables, pero evitan decir que uno de ellos es que hay menos interés en el deporte femenino. Es una realidad que no se debe negar aunque no guste. Y eso que en el atletismo el espectáculo es el mismo en ambas categorías.

Nada reseñable los primeros kilómetros. Siguen mostrando París. Para mí, cuando se pretende tener el mejor resultado posible, correr un maratón en una ciudad preciosa no es muy distinto a correrla en una fea. Hay algunos momentos en que se uno se da cuenta de donde está, y si hay belleza se siente un poquito mejor, más animado. Pero en general, hay tanta concentración en la tarea, tanto ensimismamiento, que apenas se es consciente del entorno. Eso para un aficionado, así que en este nivel de competencia, no creo ni que vean la torre Eiffel aún pasando a cincuenta metros. 

Hasta la terrible cuesta no hay historias de gran interés. Algún pique entre etíopes y keniatas, algún lío en los avituallamientos. No hay ataques decididos y creíbles; hay atletas de nivel medio que se ponen delante, pero está claro que no va más allá de darse una satisfacción momentánea. Pensándolo un poco, creo que hacen bien. Entre quedar la 30 pasando desapercibida, o la 60 dándose el gusto de liderar durante un buen rato, no me parece extraño elegir lo segundo. Claro que es poco prudente, claro que tendrá un precio en sufrimiento, pero que momento y que recuerdo. Y la afición de su país, creo que también se quedará más satisfecha viéndola de protagonista temporal que con un simple resultado intermedio.  

Las africanas a su ritmo, quien no puede seguirlo se queda. Pero no hay ninguna ofensiva demoledora, ni se aprecia una táctica. Así que hasta el 28, el grupo de cabeza nunca tiene menos de catorce corredoras. 

A ellas aún les resulta más complicada una cuesta que requiere mucha fuerza. Inclinan más la cabeza, acortan más la zancada. Dos etíopes, tres keniatas se quedan en cabeza. Pero la distancia no es decisiva. En el descenso algunas se les une entre otras Hassan.

Siempre nos quedará la duda de que hubiera pasado si Assefa u Obiri lo hubieran dado todo en un ataque lejano, a lo Tola. Es posible que el resultado hubiera sido el mismo, pero quien sabe. Lo que era seguro era que si Hassan llegaba delante iba a ganar. Assefa atacó al final y es cierto que dejo a Obiri, pero se demostró insuficiente. 

No es muy bonito el mal rollo que se vio entre keniatas y etíopes, y de todas con Hassan. Tampoco la maniobra que pudo provocar que las dos cayeran. Pero para mí está claro que competir al máximo forma parte del espíritu. Se trata de pelear para intentar vencer, con honor y cumpliendo reglas, pero con máxima intensidad. Me alegré de que en esta olimpiada los saltadores de altura no acordaran los dos oros. A los de la pasada olimpiada se les aplaudió por su deportividad. Menuda tontería. ¿Qué merito tiene lo que hicieron, si lo que consiguieron fue ganar ambos lo que uno hubiera perdido? No compartieron el oro como se dijo, lo duplicaron. Un fraude al espíritu olímpico que pretende que haya un único campeón. 

A Hassan me gustaría admirarla sin más…No hay razón para no hacerlo, no hay ningún indicio de que sus logros se deban a algo distinto de un tremendo talento y un gran esfuerzo. Lo que ha conseguido en su carrera es extraordinario. Es tan extraordinario que no puedo evitar ciertas dudas, por mucho que sepa que lo más probable es que sean injustas. No me pasa sólo con ella, claro. Es la edad. Los engaños sufridos, las decepciones…todo eso creo que una mente suspicaz. Lo que no tengo ningún problema en reconocer es que tácticamente es muy superior a sus rivales. 

Se batió el récord olímpico en las dos maratones, lo que no significa que las condiciones de temperatura y humedad y el duro recorrido no afectarán las marcas. Lo que demuestra es que en los últimos años se corre mucho más rápido. No creo que tarden mucho en caer las dos horas y las dos horas diez. 

Pero no todas corrieron rápido. Aquella corredora que comentaba que se quedaba atrás los primeros metros, una representante de Bhután, tarda hora y media más que la primera en terminar la maratón. A nadie se le había ocurrido que en una maratón olímpica se tuvieran que poner tiempos de paso límites. Lamentable. No tanto ella como quien la ha enviado. Es faltarle al respeto a la importancia del evento. Si quieres mandar una representante, hazlo en los 100 metros que ahí llama poco la atención. Es ridículo enviar a unas olimpiadas a una corredora más lenta que cientos de miles de corredoras populares, que llega una hora más tarde que la penúltima. Podría continuar con este tema, pero mejor no; correría el riesgo de acabar diciendo que la de Bhután no tenía gas. 



domingo, 11 de agosto de 2024

Maratón de Paris - el de los muchachos

Lo que se conoce antes de empezar es el recorrido y el perfil. Para describirlo, ya que estamos en Francia, se puede decir que recuerda a una etapa alpina. Aparte de los continuos toboganes, dos grandes subidas, una prolongada de casi cinco kilómetros, con pendiente moderada y algún descanso, y otra más corta de 600 metros, pero con un desnivel medio del 11%. 

Los corredores habrán revisado ese perfil muchas veces, algunos con sonrisas y otros con mala cara. Aquellos a los que les gusta ir a ritmo constante, poner cuarta al principio y mantener hasta el final, lo tienen muy complicado. Los que han corrido maratones duras y les ha ido bien, los que pueden cambiar de marcha muchas veces sin estropear el motor, sienten que tienen alguna oportunidad. También lo agradecen los que sufren más mentalmente en la monotonía del llano. Aunque hasta los favorecidos saben que si no se encuentran muy fuertes la oportunidad se convertirá en tortura. 

Hasta el kilómetro 10 agrupado. El ritmo no es bajo, pero es aceptable para la mayoría a esas alturas. Mejor ir en compañía mientras se pueda. Quien se queda no es por voluntad, es porque se ha dado cuenta de que no es su día; cualquier pequeña molestia se hace pesadísima pensando en quien se quiera, las malas sensaciones tempranas son presagio de mucho sufrimiento. El realizador aprovecha la tranquilidad para mostrar imágenes de Paris. Hay que reconocer, aunque duela por estar en Francia, que es una ciudad grandiosa. 

Después del 10 un italiano ataca fuerte. Hay que tener valor, o ser un total inconsciente. En un maratón homogéneo uno puede plantear ciertos escenarios, establecer pasos intermedios, tener una guía de acción. En un maratón irregular es mucho más difícil. En las subidas, puede ser una locura tratar de adaptarse al ritmo deseado contra sin hacer caso a las advertencias del cuerpo. En las bajadas, complicado saber de antemano si un ritmo es pasarse o quedarse corto. No sé el italiano de verdad se lo cree o lo hace cara a la galería del Instagram. 

Llega primero con ventaja al inicio de la subida. Pero en ella, empieza el movimiento serio. No se ve a los jefazos, a los nombres más ilustres. Pero Tola, un etíope que ganó en Nueva York, sube con mucha fuerza. Rompe el grupo, y en la media maratón ya ha cogido al italiano. En el descenso él y un americano se van. 

Pero Tola no se ceba y hay reagrupamiento. Primero ocho, luego catorce. Los ilustres, las leyendas, se han quedado. 

Así se llega hasta la última gran subida, la corta pero muy pindia. Para mayor castigo, se llega a ella con un tobogán acusado. La bajada previa sirve apreciar con toda claridad la pendiente. Creo que incluso un corredor de élite en buena forma pensará “uff”. Cualquier espectador con experiencia de corredor siente inmediata empatía. Caras de sufrimiento, cuerpos inclinados hacia adelante. Tola, tira y se va solo. Quien va detrás puede pensar que lo acusará, pero también sabe que, viniendo de quien viene, el ataque hay que tomarlo en serio. 

Después un descenso, en general moderado pero en algún momento vertiginoso. Hay que tener mucha tranquilidad para contenerse; es verdad que se puede acusar muscularmente, pero la tentación es tan grande…hay quien no puede resistirse y se despendola. En especial, para quien persigue a otro corredor cercano es casi inevitable ir al máximo. 

Tola acaba el descenso, y aunque le han recortado un poco en la bajada, sigue solo. Faltan 10 kilómetros y se me ha pasado volando. La variedad del recorrido es muy dura para el corredor pero muy divertida para el espectador. 

Tola, coge cada vez más distancia en los últimos kilómetros. Son lo más parecido al llano del recorrido, aunque hay todavía algún túnel y pequeños sube y baja. Ya no hay más historia por el oro. Sólo hay interés para segundo y tercero, en los que tampoco hay mucha sorpresa: son sospechosos habituales. 

Tola no era el principal favorito, pero se le tenía en cuenta. Ha sido con claridad el más fuerte. Su planteamiento ha sido bueno, pero de nada valía si no hubiera tenido capacidad para dejar atrás a sus rivales. Que suerte y que envidia. No sólo ha logrado el triunfo. Ha podido disfrutar de esa maravilla que es imaginar y planear algo hermoso y ambicioso, impulsarlo con el espíritu y ser capaz de convertirlo en realidad con el cuerpo