A los que pidieron la medalla de bronce honorífica para Carolina no les niego la buena voluntad pero les creo errados. No por análisis de la situación, no por considerar posible que el COI hiciera algo tan fuera de lo común y que podría crear precedente. Eso es lo de menos. Errados porque no pensaron en la personalidad de aquella a la que pretender beneficiar.
Carolina es una guerrera. Y no sólo como normalmente se entiende esto en el deporte: competitiva, intensa. Es mucho más esencial. Carolina es de ese tipo de personas que se sienten muy orgullosas de su capacidad de luchar. Y además es de las que tiene razones sobradas para ello. Gente que ha domado a la vida cuando se le ha puesto brava, que se muestran implacables con quien lucha menos que ellos, que pueden ser vencidos pero no sometidos. Incluso si el destino los derrota, y se ríe burlonamente, caerán, pero no sin antes romperle los dientes. Aunque el viento sople fuerte en contra, consiguen llegar a donde quieren remando. Esas personas disfrutan las victorias, resultado buscado de la batalla, pero nunca se sentirán satisfechas con ellas, por muchas que sean, por lo que de verdad les permite aceptarse a sí mismas y soportar este mundo es la lucha. No entienden la existencia de otra forma. Lo que desean es llegar al Valhalla y que Odín le elija para el equipo titular. O dicho de otra forma, combatir hasta el último momento, y que nadie les recuerde indefensos.
Esa gente no quiere que le regalen nada. No le da ningún valor a lo que no ha conseguido con su esfuerzo. Y por supuesto, el último sentimiento que quieren despertar es lástima. Odian sentirse incapaces de combatir, por eso tiene que ser muy duro el presente para Carolina. No les gusta nada tener que pedir ayuda, pero lo harán si creen que eso reducirá el tiempo de inactividad.
Una vez recuperada, es posible que Carolina tenga que decidir abandonar la actividad que le ha dado éxito. Cada vez más difícil el regreso, y cada vez más presente y probable una nueva caída. Pero será muy duro renunciar al campo de batalla donde se ha sentido especial y poderosa. Por eso quizá haga un último intento; veremos.
Tras dejarlo, sea ahora o más tarde lo pasará mal inevitablemente, y es normal que se sienta vacía y perdida. Pero acabara recuperándose y saliendo adelante cuando encuentre la fuerza y el motivo para luchar.
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