Ellas tienen más información, han podido ver la carrera de ellos, han podido aprender con sufrimiento ajeno, han podido preguntar a sus compañeros. El recorrido es el mismo, las condiciones casi idénticas. El conocimiento suele provocar prudencia.
Una estadounidense sale cojeando, otra australiana se para en los trescientos metros. La única razón que se me ocurre es hacer visible su dolor, su deseo frustrado. En el caso de la primera es un comportamiento egoísta e irrespetuoso con su país y con el evento: había una compañera preparada para sustituirla. Sí, te lo has ganado y es un putada, eso permite entenderlo no justificarlo. Aparte de las lesionadas, hay otra mujer que se queda atrás en los primeros pasos pero de ella hablaremos al final.
Bastante menos gente animando que en el de los hombres. Los narradores sugieren diversos motivos razonables, pero evitan decir que uno de ellos es que hay menos interés en el deporte femenino. Es una realidad que no se debe negar aunque no guste. Y eso que en el atletismo el espectáculo es el mismo en ambas categorías.
Nada reseñable los primeros kilómetros. Siguen mostrando París. Para mí, cuando se pretende tener el mejor resultado posible, correr un maratón en una ciudad preciosa no es muy distinto a correrla en una fea. Hay algunos momentos en que se uno se da cuenta de donde está, y si hay belleza se siente un poquito mejor, más animado. Pero en general, hay tanta concentración en la tarea, tanto ensimismamiento, que apenas se es consciente del entorno. Eso para un aficionado, así que en este nivel de competencia, no creo ni que vean la torre Eiffel aún pasando a cincuenta metros.
Hasta la terrible cuesta no hay historias de gran interés. Algún pique entre etíopes y keniatas, algún lío en los avituallamientos. No hay ataques decididos y creíbles; hay atletas de nivel medio que se ponen delante, pero está claro que no va más allá de darse una satisfacción momentánea. Pensándolo un poco, creo que hacen bien. Entre quedar la 30 pasando desapercibida, o la 60 dándose el gusto de liderar durante un buen rato, no me parece extraño elegir lo segundo. Claro que es poco prudente, claro que tendrá un precio en sufrimiento, pero que momento y que recuerdo. Y la afición de su país, creo que también se quedará más satisfecha viéndola de protagonista temporal que con un simple resultado intermedio.
Las africanas a su ritmo, quien no puede seguirlo se queda. Pero no hay ninguna ofensiva demoledora, ni se aprecia una táctica. Así que hasta el 28, el grupo de cabeza nunca tiene menos de catorce corredoras.
A ellas aún les resulta más complicada una cuesta que requiere mucha fuerza. Inclinan más la cabeza, acortan más la zancada. Dos etíopes, tres keniatas se quedan en cabeza. Pero la distancia no es decisiva. En el descenso algunas se les une entre otras Hassan.
Siempre nos quedará la duda de que hubiera pasado si Assefa u Obiri lo hubieran dado todo en un ataque lejano, a lo Tola. Es posible que el resultado hubiera sido el mismo, pero quien sabe. Lo que era seguro era que si Hassan llegaba delante iba a ganar. Assefa atacó al final y es cierto que dejo a Obiri, pero se demostró insuficiente.
No es muy bonito el mal rollo que se vio entre keniatas y etíopes, y de todas con Hassan. Tampoco la maniobra que pudo provocar que las dos cayeran. Pero para mí está claro que competir al máximo forma parte del espíritu. Se trata de pelear para intentar vencer, con honor y cumpliendo reglas, pero con máxima intensidad. Me alegré de que en esta olimpiada los saltadores de altura no acordaran los dos oros. A los de la pasada olimpiada se les aplaudió por su deportividad. Menuda tontería. ¿Qué merito tiene lo que hicieron, si lo que consiguieron fue ganar ambos lo que uno hubiera perdido? No compartieron el oro como se dijo, lo duplicaron. Un fraude al espíritu olímpico que pretende que haya un único campeón.
A Hassan me gustaría admirarla sin más…No hay razón para no hacerlo, no hay ningún indicio de que sus logros se deban a algo distinto de un tremendo talento y un gran esfuerzo. Lo que ha conseguido en su carrera es extraordinario. Es tan extraordinario que no puedo evitar ciertas dudas, por mucho que sepa que lo más probable es que sean injustas. No me pasa sólo con ella, claro. Es la edad. Los engaños sufridos, las decepciones…todo eso creo que una mente suspicaz. Lo que no tengo ningún problema en reconocer es que tácticamente es muy superior a sus rivales.
Se batió el récord olímpico en las dos maratones, lo que no significa que las condiciones de temperatura y humedad y el duro recorrido no afectarán las marcas. Lo que demuestra es que en los últimos años se corre mucho más rápido. No creo que tarden mucho en caer las dos horas y las dos horas diez.
Pero no todas corrieron rápido. Aquella corredora que comentaba que se quedaba atrás los primeros metros, una representante de Bhután, tarda hora y media más que la primera en terminar la maratón. A nadie se le había ocurrido que en una maratón olímpica se tuvieran que poner tiempos de paso límites. Lamentable. No tanto ella como quien la ha enviado. Es faltarle al respeto a la importancia del evento. Si quieres mandar una representante, hazlo en los 100 metros que ahí llama poco la atención. Es ridículo enviar a unas olimpiadas a una corredora más lenta que cientos de miles de corredoras populares, que llega una hora más tarde que la penúltima. Podría continuar con este tema, pero mejor no; correría el riesgo de acabar diciendo que la de Bhután no tenía gas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario