domingo, 11 de agosto de 2024

Maratón de Paris - el de los muchachos

Lo que se conoce antes de empezar es el recorrido y el perfil. Para describirlo, ya que estamos en Francia, se puede decir que recuerda a una etapa alpina. Aparte de los continuos toboganes, dos grandes subidas, una prolongada de casi cinco kilómetros, con pendiente moderada y algún descanso, y otra más corta de 600 metros, pero con un desnivel medio del 11%. 

Los corredores habrán revisado ese perfil muchas veces, algunos con sonrisas y otros con mala cara. Aquellos a los que les gusta ir a ritmo constante, poner cuarta al principio y mantener hasta el final, lo tienen muy complicado. Los que han corrido maratones duras y les ha ido bien, los que pueden cambiar de marcha muchas veces sin estropear el motor, sienten que tienen alguna oportunidad. También lo agradecen los que sufren más mentalmente en la monotonía del llano. Aunque hasta los favorecidos saben que si no se encuentran muy fuertes la oportunidad se convertirá en tortura. 

Hasta el kilómetro 10 agrupado. El ritmo no es bajo, pero es aceptable para la mayoría a esas alturas. Mejor ir en compañía mientras se pueda. Quien se queda no es por voluntad, es porque se ha dado cuenta de que no es su día; cualquier pequeña molestia se hace pesadísima pensando en quien se quiera, las malas sensaciones tempranas son presagio de mucho sufrimiento. El realizador aprovecha la tranquilidad para mostrar imágenes de Paris. Hay que reconocer, aunque duela por estar en Francia, que es una ciudad grandiosa. 

Después del 10 un italiano ataca fuerte. Hay que tener valor, o ser un total inconsciente. En un maratón homogéneo uno puede plantear ciertos escenarios, establecer pasos intermedios, tener una guía de acción. En un maratón irregular es mucho más difícil. En las subidas, puede ser una locura tratar de adaptarse al ritmo deseado contra sin hacer caso a las advertencias del cuerpo. En las bajadas, complicado saber de antemano si un ritmo es pasarse o quedarse corto. No sé el italiano de verdad se lo cree o lo hace cara a la galería del Instagram. 

Llega primero con ventaja al inicio de la subida. Pero en ella, empieza el movimiento serio. No se ve a los jefazos, a los nombres más ilustres. Pero Tola, un etíope que ganó en Nueva York, sube con mucha fuerza. Rompe el grupo, y en la media maratón ya ha cogido al italiano. En el descenso él y un americano se van. 

Pero Tola no se ceba y hay reagrupamiento. Primero ocho, luego catorce. Los ilustres, las leyendas, se han quedado. 

Así se llega hasta la última gran subida, la corta pero muy pindia. Para mayor castigo, se llega a ella con un tobogán acusado. La bajada previa sirve apreciar con toda claridad la pendiente. Creo que incluso un corredor de élite en buena forma pensará “uff”. Cualquier espectador con experiencia de corredor siente inmediata empatía. Caras de sufrimiento, cuerpos inclinados hacia adelante. Tola, tira y se va solo. Quien va detrás puede pensar que lo acusará, pero también sabe que, viniendo de quien viene, el ataque hay que tomarlo en serio. 

Después un descenso, en general moderado pero en algún momento vertiginoso. Hay que tener mucha tranquilidad para contenerse; es verdad que se puede acusar muscularmente, pero la tentación es tan grande…hay quien no puede resistirse y se despendola. En especial, para quien persigue a otro corredor cercano es casi inevitable ir al máximo. 

Tola acaba el descenso, y aunque le han recortado un poco en la bajada, sigue solo. Faltan 10 kilómetros y se me ha pasado volando. La variedad del recorrido es muy dura para el corredor pero muy divertida para el espectador. 

Tola, coge cada vez más distancia en los últimos kilómetros. Son lo más parecido al llano del recorrido, aunque hay todavía algún túnel y pequeños sube y baja. Ya no hay más historia por el oro. Sólo hay interés para segundo y tercero, en los que tampoco hay mucha sorpresa: son sospechosos habituales. 

Tola no era el principal favorito, pero se le tenía en cuenta. Ha sido con claridad el más fuerte. Su planteamiento ha sido bueno, pero de nada valía si no hubiera tenido capacidad para dejar atrás a sus rivales. Que suerte y que envidia. No sólo ha logrado el triunfo. Ha podido disfrutar de esa maravilla que es imaginar y planear algo hermoso y ambicioso, impulsarlo con el espíritu y ser capaz de convertirlo en realidad con el cuerpo 



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